
Conocí a Raúl García en el año 2.001 cuando me propusieron entrenar la selección navarra sub16. La temporada siguiente tuve la suerte de volver a coincidir con él en el Liga Nacional Juvenil de Osasuna. Quedamos campeones con un equipo formado por uno de los mejores grupos humanos que me ha tocado dirigir. De Raúl, [...]
Conocí a Raúl García en el año 2.001 cuando me propusieron entrenar la selección navarra sub16. La temporada siguiente tuve la suerte de volver a coincidir con él en el Liga Nacional Juvenil de Osasuna. Quedamos campeones con un equipo formado por uno de los mejores grupos humanos que me ha tocado dirigir. De Raúl, líder dentro y fuera del campo, no vamos a descubrir lo excelente futbolista que es pero sí me gustaría destacar lo trabajador, desprendido, detallista, extraordinario amigo y compañero, y en definitiva buena persona que es. Hoy nos cuenta su experiencia con el Atlético de Madrid campeón de la Europa League de la temporada pasada y así abrimos la sección “Mis amigos” de la Kibuteka. Gracias Raúl!
A finales del diciembre pasado, cuando entramos en el bombo de la UEFA Europa League, después de la eliminación de la Champions, nos miramos todos y nos propusimos afrontar esta competición no más allá de la ronda en la que estábamos, pero sí con la convicción de saber que éramos capaces de luchar por este título.
Lejos de considerarla un torneo menor, nos dimos cuenta de la importancia de dicha competición al ver a los equipos a los que nos podíamos enfrentar en el camino hasta la final de Hamburgo. Y desde ese mismo momento nos pusimos manos a la obra para hacer realidad nuestro sueño: ser campeones de la Europa League.
Además, nuestro paso en la Copa del Rey era lento pero seguro. En las semanas siguientes alcanzamos el pase a la final contra el Sevilla y casi asegurábamos de esa forma jugar en Europa la temporada siguiente, algo que nos hizo enfrentar la competición continental con mayor seguridad.
No sólo el hecho de que clubes como la Juventus, el Liverpool, el Valencia, el Sporting de Lisboa o el Galatasaray la estuvieran disputando le daba caché al torneo, sino que viendo los jugadores presentes nos daba la idea de que el título no iba a ser algo sencillo. De hecho, dos de los máximos goleadores del Mundial de Sudáfrica, mi compañero Forlán y David Villa, también la disputaron, así como otros que posteriormente disputarían la final de dicho campeonato como el propio Villa, Fernando Llorente, Heitinga o Kuyt.
Sabíamos que no iba a ser fácil levantar el trofeo. El Galatasaray nos lo dejó claro en esos dieciseisavos de final, cuando les derrotamos con un gol en el minuto 89 del partido de vuelta, tras superar un tremendo ambiente en Turquía. El Sporting de Lisboa (dos empates) y el Valencia en cuartos de final (otros dos empates), nos sirvieron de puente a las semifinales contra el Liverpool.
El partido de vuelta, con 1-0 en la ida, fue trepidante. Nos fuimos a la prórroga y allí marcaron primero. El gol de Forlán hizo que nos plantáramos en la final y que pudiera vivir el día más feliz de mi carrera deportiva.
Porque no todo se reduce a esos 120 minutos de juego, prórroga incluida. Desde días antes la gente nos paraba por la calle para desearnos suerte en la cafetería, en la calle, en las gasolineras o en cualquier sitio. Veías la ilusión de la gente por conseguir un título europeo tantos años después.
La repercusión mediática fue impresionante. Días antes de viajar, en la jornada de puertas abiertas para la prensa, recuerdo estar casi dos horas junto al resto de mis compañeros dando entrevistas.
La final fue un espectáculo. Algo indescriptible. Llegar al estadio y ver a todos los aficionados del Atlético animarnos por las calles es algo difícil de explicar. No fue sólo el título que conquistamos, fue todo lo que envolvió a aquellos días.
En el entrenamiento previo a la final empezamos a darnos cuenta de lo que había en juego: decenas de cámaras de televisión (la final fue seguida en directo por 55 millones de personas sólo en Europa), cientos de periodistas de todos los países, muchísimas medidas de seguridad y todo lo que envuelve a un evento de esta magnitud.
El día del partido, ya en el hotel, intentamos que fuera lo más tranquilo y parecido posible a nuestras rutinas. Obviamente todos sentíamos un cosquilleo especial, yo el primero, ante la primera final europea de nuestras vidas, pero tratamos de relajarnos y afrontar el partido de la mejor forma posible.
A través de la tele nos llegaban las imágenes de la gente que había viajado hasta Hamburgo para ver el partido y de los que nos apoyaban desde España. Los miles de aficionados que habían hecho cola en el Estadio, por la noche, al frío, en algunos casos a pesar de tener sus entradas garantizadas, eran la más clara demostración de la importancia que tenía este encuentro para todos los atléticos. Nadie se lo quería perder y esto nos llenaba de orgullo.
La sensación además fue muy especial porque en ese caso no era sólo el Atlético de Madrid que jugaba contra un equipo inglés, sino que éramos los representantes de toda España y sentíamos que todo el mundo estaba con nosotros.
Estábamos a punto de vivir algo que iba a pasar a la historia y por eso las emociones que se respiraban en el ambiente eran mucho más fuertes e intensas. Había toda una generación de atléticos que estaban soñando gracias a nosotros y que después de un final de temporada trepidante, estaban a un paso de conseguir la gloria. Todo estaba en nuestras manos.
En esos momentos, cuando estas esperando que llegue la hora de salir al Estadio, te acuerdas de cuando eras pequeño, y querías con todas tus fuerzas ser futbolista y emular a los grandes protagonistas de este deporte, a los que nos hacían vibrar con sus proezas. Y ahora, después de tantos años de esfuerzos y sacrificios, yo estaba allí, al otro lado.
La final fue emocionante y casi podríamos decir que nos cambió para siempre a todos los que la ganamos. La ceremonia de inauguración fue muy bonita: decenas de niños portando las banderas de todos los equipos que habían disputado la competición. En el túnel de vestuarios todos nos mirábamos y sabíamos lo que nos esperaba fuera. Personalmente en esos momentos estaba tranquilo. Confiaba en mí mismo y en el que equipo. Sabía que íbamos a ganar, estaba convencido.
Recuerdo que llovía. El partido fue duro desde el punto de vista mental y emocional. No había vuelta atrás: era ganar o ganar. El ambiente en el estadio era precioso. Como el de los grandes acontecimientos del fútbol. El espectáculo inicial de las banderas fue realmente emocionante. Ver pasar delante de nosotros a los escudos de todos los equipos que habían participado en esa competición y se habían quedado en el camino, es algo que reforzó nuestro sentimiento de orgullo y que en ese momento nos hizo sentir más grandes. Los demás habían caído, mientras que nosotros estábamos allí. Salimos al campo pasando al lado de la copa. Ahí estaba el objeto del deseo…
Por un lado los doce mil aficionados atléticos, que estuvieron todo el partido animando. Se les sentía en el césped mucho más que a los ingleses. Los nuestros estaban ahí y eso nos hacía sentir más arropados.
Tuvimos varias ocasiones antes del primer gol. Pero nos duró poco la alegría porque en la única oportunidad clara que tuvo el Fulham nos empataron.
En la segunda mitad lo intentamos por todos los medios pero no había manera. Y además estaba la incertidumbre de saber que si nos marcaban nos iba a resultar difícil empatarles. Se estaban cerrando muy bien, y a pesar de nuestra superioridad, no conseguíamos el tanto que buscábamos. Los minutos, mientras tanto, pasaban. Y al final llegó la prórroga. Tuvimos que esperar hasta el minuto 116, para que el balón por fin entrara y nuestros sueños se hicieran realidad. Y allí, el éxtasis.
Éramos campeones de Europa. Nuestro primer título europeo para muchos. Cuando me preguntan qué sentí o de quién me acordaba en esos momentos, cuando estábamos dando la vuelta al estadio, siempre contesto lo mismo: de Sergio Asenjo, quien no pudo viajar por una maldita lesión. De mis padres, de mi familia, de mis amigos, de todos esos entrenadores como Kibu que me enseñaron todo lo que sé y que lo hacen prácticamente de forma altruista, lejos de los focos de la fama, pero que sin ellos sería imposible que salieran futbolistas profesionales.
La fiesta se trasladó después del terreno de juego al vestuario. Fue una explosión de emociones incontenibles. Gente que saltaba, que cantaba, que se sacaba fotos con la copa… música y flashes por todos los lados… En ese momento éramos todos iguales, jugadores, cuerpo técnico, utileros, fisios, ats, etc… Una gran familia que unida en un momento de celebración. Y después llegó hasta Su Alteza el Príncipe Felipe para felicitarnos. Una prueba más de lo importante que era aquello.
El día siguiente, cuando fuimos a Neptuno, fue el momento en el que nos empezamos a dar cuenta de lo que habíamos conseguido. Es difícil expresar con palabras lo que uno siente cuando sabe que ha hecho feliz a tanta gente. Ver a trescientas mil personas en las calles con sus camisetas animando al Atlético de Madrid es maravilloso. Las risas de los compañeros, la alegría por el momento, el título y los recuerdos es algo que quedará en la memoria colectiva. Y en la mía, también.
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5 Comentarios
He tenido la gran suerte de darte la enhorabuena en persona pero aprovecho la oportunidad que nos da Kibu para dártela a traves de la Kibuteka y no sólo por tus títulos deportivos que estoy seguro que serán muchos sino sobre todo por tus títulos personales que son los más difíciles de conseguir.Más dificil que llegar a esa final es mantener a tus amigos de siempre,seguir haciendo partícipe a tu familia de tus triunfos y acordarse siempre de la gente que has conocido en este mundo del fútbol hasta llegar a donde has llegado.Siempre me has parecido un gran futbolista pero sobre todo una gran persona.
Suerte y no cambies Rulo…
Gracias a Raúl por ese gran momento que nos regaló a todos del Atleti y gracias a Kibu por cederle este espacio.
Os seguiremos de cerca
Tengo 28 años y estuve en Hamburgo… Soy el socio 5005 del Atletico…. Y solo quería decir que lo que yo sentí esa noche fué uno de los momentos mas felices de mi vida, que jamás olvidaré… Gracias Kibu por este artículo, Gracias a Raul García por el esfuerzo, lucha y Humildad con la que viste la Rojiblanca… Un saludo..
Gracias a Brutus y a Juan por vuestros comentarios,
Ya veis que Raúl además de jugar muy bien a fútbol escribe también de maravilla. Todo un crack.
Un abrazo,
A parte de ser un gran grupo humano era un equipo de mucha calidad (hasta los defensas!)
enhorabuena a kibu por este blog que seguiré muy de cerca. en diciembre nos vemos todos!